domingo, 29 de agosto de 2010

Arroz chino

La   inmigración china en  Cuba comenzó en 1847, cuando cantonés trabajadores contratados fueron traídos para trabajar en los campos de azúcar y cafe. Cientos de miles de trabajadores chinos fueron traídos de Hong Kong, Macaoy Taiwan durante las décadas siguientes para sustituir y / o trabajar junto a los esclavos africanos. Después de terminar los contratos de 8 años o de otra manera la obtención de su libertad, algunos inmigrantes chinos se establecieron permanentemente en Cuba, aunque la mayoría deseaba la repatriación a su patria. Habana's Chinatown (conocido como Barrio Chino de La Habana) es uno de los mayores y más antiguos barrios chinos en América Latina. Unos 5.000 inmigrantes de los EE.UU. llegó a Cuba durante los años 1800 para escapar de la  discriminación en el momento.Estos aportaron un gran impulso comercial a la comunidad china. Crearon restaurantes de lujo, tiendas de soda, teatros, bancos, bodegas, periódicos, funerarias, casinos y salones donde se ofrecían fiestas y bailes.

 Una pequeña ola de inmigrantes chinos también llegaron durante el siglo 20 para escapar del caos político en China.


Los chinos traían una cultura superior a la de los africanos y pronto derivaron hacia los oficios. Trabajaron en La Habana en la industria, el comercio, los servicios, las construcciones.


Algunos chinos lucharon en Cuba de los Diez Años Guerra, entre ellos algunos chino-estadounidenses de California, se unió a la  Guerra de Cuba en 1898 para lograr la independencia de España, pero unos pocos chinos, que eran leales a España, salió de Cuba y se fue a España.
Con la llegada de castro al poder  muchos de  aquellos 5.000 inmigrantes de los EE.UU.  regresaron y se redujo notablemente la comunidad china en cuba .

El Barrio Chino se encuentra en el municipio de Centro Habana, esta compuesto por cuatro o cinco calles pequeñas, la calzada de Zanja, Rayo, San Nicolas, y la mas caracteristica de todas, la calle Dragones.Hoy no es el mismo de entonces, pero subsiste gracias al espíritu de los viejos chinos que aún viven allí, una vez el más grande e importante del Nuevo Continente.
Los chinos se mantuvieron fieles a sus costumbres en un principio, celebrando matrimonios entre ellos mismos, pero cuando muchos comenzaron a emigrar a otros países, los orientales que se quedaron se casaron con cubanos y blancos, y la raza se ha mezclado en forma notable. Hoy en dia la mayoria de chino-cubanos son una mezcla de antepasados chinos, espanoles y africanos.


mi arroz frito
a la cubana
El conocimiento y uso de muchos vegetales se debe al cultivo que, en aquellos tiempos, realizaban los chinos. Y, sobre todo, el arroz, que se generalizó a partir de su llegada a Cuba, y hoy es indispensable en la cocina cubana.



sábado, 28 de agosto de 2010

LA CIUDAD DE LOS TINAJONES

 

Si  visitó la ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe,Camagüey sabra que
el tinajón es el símbolo camagüeyano por antonomasia. Constituye la representación lugareña más enraizada. Por ello, a Camagüey se le conoce en toda Cuba como la "ciudad de los tinajones". El tinajón Camagüeyano tiene antecedentes en la vasija andaluza. Fue la solución con la que alfareros procedentes del sur de España, asentados tempranamente en Puerto Príncipe, trocaron en almacenes de agua los recipientes antes empleados para guardar granos, vinos, aceites y otros líquidos. Aunque los tinajones se elaboraron masivamente en la región Agramontina a partir del siglo XVII, no son privativos de ella. Se hicieron también en otros lugares de Cuba: Trinidad y Sancti Spíritus, las Antillas, Jamaica e, inclusive, en la América del Sur: Chile y Perú, donde se recogió la tradición alfarera de la civilización incaica.

Del barro rojo de la Sierra de Cubitas comenzaron a fabricarse los tinajones desde los años del 1600, según noticias, a pesar de que no hay hoy día ningún tinajón inscrito con fecha tan remota. La más antigua data de 1760. Su producción tuvo el mayor auge en las décadas centrales del siglo XIX. A partir de 1868, con el inicio de las contiendas independentistas, quedó casi cancelada. Se restableció sólo entre 1878 y 1895, para luego cesar por completo. Todo hogar del Camagüey tenía al menos un tinajón.

El agua contenida dentro las frescas paredes era empleada para beber y cocinar, y se hizo brindis acostumbrado a las visitas de propios y extraños. Y muchos de estos terminaban casándose aquí... Por ello antaño y aún hoy suele decirse, en noviazgos y bodas semejantes al galán: ¡Ese tomó agua de tinajón!


En 1900 existían en la ciudad más de 16 mil tinajones. Hoy apenas quedan unos 2 500 de los originales. De uno a otro siglo los tinajones fueron variando la forma.

En esencia siempre quedó un modelo clásico que ha llegado hasta nuestros días. El típico tinajón camagüeyano es aquel de voluminosa panza, líneas geométricas delimitadas y cresta destacada, o amigdaloide.

Distintas anécdotas lo sitúan como escondite propicio para don juanes pueblerinos sorprendidos en pleno romance, en terreno ajeno...

Se dice que en 1875 un soldado mambí visitaba a su hijo enfermo en la ciudad, cerca de la histórica Plaza de San Juan de Dios. Fue delatado y pudo salvarse de ser capturado por los guardias civiles españoles que lo buscaban, escondiéndose dentro de un voluminoso tinajón.

La imaginación de decenas de artesanos jugueteó con el blando barro en disímiles inscripciones y motivos ornamentales. El torno siguió girando generación tras generación. Los maestros alfareros sentaron las bases de la actual cerámica camagüeyana.

En los típicos patios del Camagüey, transpirando humedad de siglos, entre arecas, flores y helechos, todavía vigilan el tiempo los grandes y ventrudos tinajones.

A ti mi  Camagüey querido  por haberme  hecho tan feliz. 

domingo, 15 de agosto de 2010

Receta de rabo de res encendido

RABO ENCENDIDO













INGREDIENTES

Ingredientes
6      trozos de rabo de res
1/4   Cebolla grande
1/2   Ajíes
4      Dientes de ajo
2      Cucharadas de pasta de tomate
1/4   cucharadita  pimienta molida
1/4   Taza de aceite de  olivo
1     Taza de vino seco.
       salsa picante al gusto
       Sal y comino al gusto
aceitunas si decea


ELABORACIÓN: 

Asegurese de quitarles todos los restos de grasa a los rabos,los trozos de  rabos de res se  colocan en un recipiente con un poco de agua y  un poquito de vino seco, se  hierven por 3 minutos y se vota esa agua esto yo lo hago para quitarle ese sabor caracteristico que tienen las reses, luego coloquelos en un recipiente y  sazónelos con sal , pimienta y dore los pedazos en el aceite bien caliente.

Limpie y pique las especias frescas, y los ajos.

Sofríalos en la grasa que ya habia utilizado para dorarlos   hasta que se marchiten.

Agrege  al sofrito la pasta de tomate, revuélvalo y póngalo en una olla de presion  donde vaya a cocinar los rabos, agregue 2   tazas de agua con 3/4 taza de vino seco y déjelos hervir por 2 min.

Añada los rabos y cuando empiece a hervir, baje la temperatura ponga la tapa a la olla de presion y cocine a fuego medio alrededor de unos 20 min  transcurrido este tiempo  revise la sal y el agua si es necesario añada mas agua y vino seco, ponga la presion por unos  15 -20 min  mas.Aqui puede aprovechar para incorporarle un poquito de picante o pedasitos de ajies picantes segun su gusto. al cabo del tiempo señalado Incorpore el resto del vino seco y las aceitunas,cocinelos sin presion por unos 5  min mas y  sepárelos del fuego. Déjelos reposar 10 min y sírvalos. Para 3 personas.
Puede compañarlos de arroz blanco. Asi fue como lo decore y les aseguro que quedaron para chuparse los dedos

domingo, 1 de agosto de 2010

Nosotros los de aca

El hombre que murió de exilio


ALEJANDRO GÓMEZ

El Nuevo Herald

Las palabras del poeta español volvieron a escucharse en la noche del miércoles en Miami. Ellos los vencedores / caínes sempiternos / de todo me alejaron / me dejan el destierro. Originalmente destinadas a los vencedores de la guerra civil de España, tienen vigencia para todos los caínes que en el mundo han sido.

Agustín Tamargo murió con el dolor de Cuba en el corazón. Se fue de Cuba porque no quiso ser parte de un sistema que denigra a opresores y oprimidos. Pero tuvo hasta el final a Cuba en el corazón y la esperanza de volver, posada como una paloma en su hombro.

Fue una figura importante en la Cuba precastrista, donde se dedicó al periodismo con pasión en los diarios Hoy y Tiempo y en la revista Bohemia.

Fiel a la bohemia de su juventud, dedicó su tiempo en el exilio a luchar por ese país que amó tanto. Siempre creyó que el pueblo cubano terminaría por liberarse del régimen y que Cuba volvería a ser el país desmesurado y generoso de su juventud.

Como un anticipo de lo que sería su vida, fue él quien encontró el cadáver de Miguel Quevedo cuando el director de la revista trasplantada se suicidó en Caracas, donde ambos trataron de continuar con la célebre publicación.

Nos habíamos acostumbrado a escuchar su voz ronca y su discurso en el que se filtraba su enorme cultura por las radios de Miami. A leerlo en las páginas de opinión de El Nuevo Herald. Era el hombre que seguía sosteniendo la esperanza, contra viento y marea, viendo la luz al final del túnel. El que no dejó nunca que el dolor y la nostalgia le quitaran energías para esa lucha que consideraba indispensable en la vida de todo hombre digno que se rehúsa a dejar de ser libre.

Junto a la tristeza, su muerte nos deja en la boca el sabor amargo de la ira que nos invade cada vez que se va alguien que luchó contra el tirano, mientras el tirano reaparece cada tanto en La Habana. Como Carlos Castañeda, como Guillermo Cabrera Infante, como Chanes de Armas, como Reinaldo Arenas, como Heberto Padilla y tantos otros, Tamargo dejó este mundo viendo cómo se hacía realidad su infierno más temido: morir antes que el tirano.

Pero el verdadero cementerio es la memoria y seguiremos esperando el día en que, en algún café de una Habana libre y sin Seguridad del Estado, alguien nombre a estos muertos en esas calles que tanto amaron.

Mientras tanto, seguiremos viendo cómo parten los mejores, los que lo dieron todo sin pedir nada más que el regreso. Y ni eso tuvieron. Nos ayuda saber que a ellos, los dignos, la historia los absolvió hace tiempo mientras que el tirano y los suyos se morirán sin perdón ni respeto.



LA LEGIÓN DEL REGRESO.


Por Agustín Tamargo

Salen de una isla pequeña y se han diseminado por toda la tierra grande.

Uno, es profesor en una universidad de Australia;

otro, abrió en Alaska un restaurante.

Nada los arredra, ni el frío ni el calor.

Los seduce el trópico de la Florida

pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York.

No mendigan: trabajan.
Los que allá eran pobres, aquí son ricos.

Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo sujeta su laboriosidad beligerante si la oferta es digna.

Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos.

Cambian, pero en la superficie.

En Miami, siguen jugando bolita, peleando gallos escondidos

y enviando los hijos a la escuela privada.

En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero

y en Caracas, contra Hugo Chávez.

Siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira.

Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir

constituyen una legión empecinada que no se deje ignorar.
Traen la música calurosa, el ruido,

los frijoles negros y la palomilla con moros y maduros.

Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

¿Quiénes son?

Son los cubanos del destierro,

la única población mundial trasplantada que (salvo los hebreos)

en un tercio de siglo no ha perdido su identidad.

Los que admiraban a Cuba desde lejos

como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana,

los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural

donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien,

ya no tienen que ir a Cuba para conocerla.

Aquí la tienen.

Esta es Cuba. Estos son los cubanos.



Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí.

Pero también vitales, intensos y profundamente creadores.

Qué no han hecho

en estos 46 años los cubanos del destierro para sobrevivir con dignidad?

¿Qué actividad manual o intelectual no han ensayado,

en éste o en aquel país, por complicada que pareciera,

para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar?.



En algunas de esas actividades

han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron

por cerca de medio siglo.

No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un médico cubano.

No hay periódico donde no haya un periodista cubano,

ni banco donde no haya un banquero cubano,

ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano,

ni escuela donde no haya un maestro cubano,

ni universidad donde no haya un profesor cubano,

ni comercio donde no haya un manager cubano.



En las Grandes Ligas del béisbol el nombre de más color y brillo es el de un cubano.

En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, el presidente fue un cubano.

Hasta en el Congreso de Washington

se sienta en su modestia y en su eficiencia una cubana.



En las tierras prestadas el extranjero

parece llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde viene.

Los cubanos llevan a Cuba.

Pero la enaltecen y la honran, porque además de en la frente

la llevan en el corazón.



Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio,

superior aún a esa actividad profesional triunfante.

Y es su odio al despotismo del que huye, su amor a la tierra que dejó.



Eso lo separa y lo define.

Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo,

una grandeza que de otro modo no tendría.



¿Por qué, preguntan algunos,

no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por qué no aceptan de una vez que perdieron la batalla,

que Castro les ganó,

y que con los medios de que disponen nunca podrán vencer a la tiranía?

¿Por qué no acaban de afincarse definitivamente

en estas tierras hospitalarias que los han acogido y

donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían allá?.



Los que preguntan no conocen a los cubanos.

El cubano sabe esto: aún teniéndolo todo,

si le falta Cuba, no tiene nada.

Sabe más todavía.

Sabe que esa prosperidad de que disfruta,

lejos de su isla hambreada y aterrada,

es en cierto modo una forma de traición.

Por eso, si se mira bien,

se verá que a veces parece que el cubano ríe,

pero en realidad está llorando.



Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad,

pero el cubano suspira:

¡Ah, si estuviera en Cuba!

Compra una casa, su auto, o su lancha, y sigue suspirando:

¡Ah, si los tuviera en Cuba!



De una manera misteriosa, que no puede definir,

hay un vínculo con aquello que tira de él hacia allá.

Ahora que la perdió sabe que no puede vivir sin Cuba,

y la sueña de noche, y le agiganta los valores, y la embellece y la idealiza,

y se culpa de no haberla entendido mejor,

y la recrea en sus cantos y bailes,

y la revive en sus historias, en sus costumbres y en sus comidas.



¿Por qué compran hoy los cubanos más libros cubanos que nunca?

¿Por qué tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas,

llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de Martí?

¿Por qué escarban en la Historia?

¿Por qué redescubren a Guiteras y adquieren viejas colecciones de Bohemia?

¿Por qué se reúnen en los municipios borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo es Cuba

y que a ella tiene fatalmente que regresar.



Ahora la tiranía castrista anda en sus estertores finales,

se ve claramente que el cubano se ha estado preparando siempre,

aunque no lo supiera, solo para esto: para el momento del regreso.



No hablan de otra cosa.

No les importa que les digan que todo lo que dejara la tiranía es hambre y ruina.

No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían.

No admiten que el rescoldo de odio que deja el comunismo acaso los quemara.

Lo único que desean es volver.



La casa donde nació está derruida,

al pueblo se lo han puesto desconocido,

la madre ha muerto.



Pero no importa.

El exiliado quiere de todos modos a esa casa,

a ese pueblo y a esa tumba.

La Patria empieza ahí.



En el exilio tropezó, erró, y se equivocó,

pero está salvado también porque

en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Barco, avión o balsa, no lo sé.

Pero el abrazo está próximo.



A los que les molesta a veces

el llamado predominio cubano en Miami yo les digo:

Paciencia, ya falta poco.

Aquí va a haber muy pronto para ustedes

miles de puestos vacantes y de casas vacías.

¡Y qué les aproveche!

Vida



Ya perdone errores imperdonables Casi.

Trarse de sustituir personajes insustituibles,

Olvidar de personajes inolvidables.

Ya Hice Cosas Por Impulso.

Ya me decepcioné personajes ALGUNAS en contra,

mas also yo decepcioné un Alguien

Ya Abrace Proteger párr.

Ya me Rel. CUANDO no se podia.

Ya Hice Amigos eternos.

Ya amé y fui amado but also fui rechazado.

Ya fui amado y no supe amar.

Ya Grite y Salte de Felicidad.

Ya Viví juramentos de amor e Hice Eternos,

also Pero los que roto y MUCHOS.

Ya lloré Escuchando Música y viendo fotos.

Ya Llamé Solo para escuchar UNA VOZ.

Ya me enamoré Por Una Sonrisa.

Ya Pense Que iba un morir de Tanta y nostalgia ...


Tuve Miedo de Perder un Alguien especial

(Y minar perdiéndolo) ¡¡

Pero sobreviví!

Y todavia vivo!

No paso por la Vida.
Y tú tampoco deberias only Pasar ...

VIVE!
Bueno es ir al estilo de lucha Con determinacion

Abrazar La Vida Pasión con y Vivir.


Perder Con Clase y osadía Vencer en contra,

Por Que El Mundo Pertenece A Quien sí atreve

y La Vida es Mucho Más párrafo servicios Insignificante.


Charles Chaplin

Poemas

¡Oh, la vida!


Que la vida no acorte el ritmo

ni la elegancia de tu paso

Que la vida no te borre el instantáneo

esplendor de la sonrisa

Que la vida no te quite la firmeza

para mirar al enemigo

Que la vida no te quite las ganas

de darle un pellizco, una mordida, una nalgada

a la vida.

Que la vida no te vaya a fosilizar

el abrazo que les das a los amigos

Que la vida no te cuartee demasiado

la ternura

Que la vida no te convenza para que dejes

de llamar al pan pan

y al vino ya tú sabes

Que la vida no te tramite a su gusto

el tiempo que te corresponde

(sobre todo si es pésimo el gusto de la vida)

y que la vida en general no te tramite.

Que la vida no te quite del todo

la timidez que te protege

Que la vida no encorve tu figura

de tragaespadas de feria

(Que la vida te jorobe sólo

lo estrictamente necesario)

Que la vida te permita vender tus versos

pero sólo por amor por una tarde

y bajo palabra de que te serán devueltos

otra tarde y otro amor.

Que la vida no te dé esa mirada retorcida

que parece haberle dado a aquel

que está ahí nadando en su propia tinta

(en la tinta de sus versos pobrecito)

Que la vida no te deje caer en la tentación

de no tener tentaciones

Que la vida no te fragmente,

ni te parrafee, ni te capitule


Que la vida no te sople al oído las respuestas

Que la vida no te pida

que no le pongas mucho a la vida

Que la vida no te deje escribir

por ejemplo "se ofertan tales cosas"

ni

"en el ofertorio de sus caricias"

porque ambas son barbaridades polares

de la lengua

Que la vida no te dé una lengua

que puedas pisar

(ni siquiera con esa "elegancia de tu paso"

de la segunda línea)


Que la vida te siga dando estas ganas

de luchar por la vida,

Que la vida no te convierta

en una computadora

ni en una cassettera

ni en una máquina de escribir

(ni siquiera bajo la promesa

de que escribirás poemas impecables)

Es más

que la vida no te deje escribir

poemas impecables

Que la vida no te dé esa solemnidad

de académico

ni esa barbita de poeta respetable

Que la vida no te deje ser un poeta

a tontas y a locas

Que la vida no te quite esas virtudes

por las que algunos te odian

Que la vida te quite esos defectos

por los que algunos te aman

(o por lo menos te soportan)

Que la vida no se vaya a confundir

en las dos últimas peticiones

porque sobrevendría un desastre

de eso que ahora llaman ecológicos

Que la vida no te dé

la memoria del elefante

para que no te acusen de autosuficiencia

Que la vida no te dé

el cuello de la jirafa

para que nadie se queje

de que los has mirado desde arriba

Que la vida no te dé la coloración

cambiante del compañero camaleón

a no ser cuando estés tendido

junto a los verdaderos compañeros

bajo la aviación enemiga

Que la vida no te haga vivir

sólo de recuerdos

Que la vida no te deje olvidar

las miserias de otros tiempos

Que la vida no te quite el orgullo

de haber nacido pobre


Que la vida te aleje

de los pobres de espíritu

porque de ellos será el reino de los cielos

pero no éste.

Que la vida no te sobrecoja

salvo con los milagros cotidianos de la vida

Que la vida no te sorprenda

más de 24 veces por segundo

Que la vida no suspenda

el partido por lluvia

Que la vida no te dé tregua



Que la vida te dé otras noches

tan claras y tranquilas como ésta

para escribir poemas

donde le pidas cosas a la vida

Autor: Victor casaus


El árbol de los amigos


Existen personas en nuestras vidas

que nos hacen felices por la simple casualidad

de haberse cruzado en nuestro camino.

Algunas recorren el camino a nuestro lado,

viendo muchas lunas pasar,

más otras apenas vemos entre un paso y otro.

A todas las llamamos amigos

y hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza

uno de nuestros amigos.

El primero que nace del brote es nuestro

amigo papá y nuestra amiga mamá,

que nos muestran lo que es la vida.

Después vienen los amigos hermanos,

con quienes dividimos nuestro espacio

para que puedan florecer como nosotros.

Pasamos a conocer a toda la familia

de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos,

los cuales no sabíamos

que irían a cruzarse en nuestro camino.

A muchos de ellos los denominamos

amigos del alma, de corazón.

Son sinceros, son verdaderos.

Saben cuando no estamos bien,

saben lo que nos hace feliz.

Y a veces uno de esos amigos del alma estalla

en nuestro corazón

y entonces es llamado un amigo enamorado.

Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios,

saltos a nuestros pies, cosquillitas a nuestro estómago.

Más también hay de aquellos amigos por un tiempo,

tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.

Ellos acostumbran a colocar

muchas sonrisas en nuestro rostro,

durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca,

no podemos olvidar a amigos distantes,

aquellos que están en la punta de las ramas

y que cuando el viento sopla siempre

aparecen entre una hoja y otra.

El tiempo pasa, el verano se va,

el otoño se aproxima

y perdemos algunas de nuestras

hojas, algunas nacen en otro verano

y otras permanecen por muchas estaciones.

Pero lo que nos deja más felices

es que las que cayeron continúan cerca,

alimentando nuestra raíz con alegría.


Son recuerdos de momentos maravillosos

de cuando se cruzaron en nuestro camino.


Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud,

suerte y prosperidad.

Simplemente porque cada persona

que pasa en nuestra vida es única.

Siempre deja un poco de sí

y se lleva un poco de nosotros.


Habrá los que se llevarán mucho,

pero no habrán de los que no nos dejarán nada.


Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida

y la prueba evidente de que dos almas

no se encuentran por casualidad.

Autor: Jorge Luis Borges

Quienes somos

Para quienes nunca han entendido el espíritu de un cubano.

El Profeta habla de los cubanos


Desde una roca en el puerto, El Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria. había llegado la hora de partir. Atenuabas su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vacío de su ausencia.
Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo: Maestro, háblanos de los cubanos.
El Profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:

Dr.Luis Aguilar Leon
"Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen."

"Nunca subestiméis a los cubanos. El brazo derecho de San Pedro es cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos y heretizan entre los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen simultáneamente en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada y en los horóscopos. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. Dicen que no creen en nadie, y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones, ni aprenden de las desilusiones."

"No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido ... de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas."

"Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De ahí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otro cubano."

"No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a un restaurante, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino "al mejor restaurante del mundo". Cuando discuten, no dicen "no estoy de acuerdo con usted", dicen "usted está completa y totalmente equivocado".

"Tienen una tendencia antropofágica. "Se la comió", es una expresión de admiración, "comerse un cable", señal de situación crítica y llamarle a alguien "comedor de excrementos", es su mas usual y lacerante insulto. Tienen voluntad piromaniaca, "ser la candela" es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción que llaman a las mujeres hermosas "monstruos" y a los eruditos "bárbaros"; y cuando se les pide un favor no dicen "si" o "no", sino que dicen "sí, como que no".

"Los cubanos intuyen las soluciones aún antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos "nunca hay problema". Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen "chico". Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva al estudio de un famoso pintor, se limitan a comentar "a mí no me dio por pintar". Y van a los médicos, no a preguntarles, sino a decirles lo que tienen."

"Usan los diminutivos con ternura, pero también con voluntad de reducir al prójimo. Piden "un favorcito", ofrecen "una tacita de café", visitan "por un ratico", y de los postres solo aceptan "un pedacitico". Pero también a quien se compra una mansión le celebran "la casita" que adquirió, o "el carrito" que tiene a quien se compró un coche de lujo."

" me admiro de su sabiduría instantánea y colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo o al capitalismo, enderezar a la América Latina, erradicar el hambre en Africa y enseñar a los Estados Unidos a ser potencial mundial. Y se asombran de que las demás gentes no comprendan cuan sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre ustedes, y no acaban de entender porque ustedes no hablan como ellos."

Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar, pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: "Decídase, mi hermano, dése un sabanaso y súbase ya, que ando con el schedul retrasao."

El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.



Por: Luís aguilar león

El profeta cubano de regreso a casa

En cuclillas, a orillas del mar, el profeta trazaba en la arena rasgos enigmáticos y observaba cómo las olas los borraban lentamente. Entonces un grupo de cubanos se le acercó y uno de ellos le dijo: ''Maestro, háblenos de cuándo regresaremos a Cuba''. Irguiendo la frente hacia el horizonte, el profeta habló casi en susurro.


'Ustedes no están en Cuba, pero Cuba está en ustedes. Cuba es una isla cargada de dolor y de alegría. Aférrense a ese dolor, porque en él están las raíces de su pueblo; cultiven esa alegría porque ella es el carácter que salva a ese pueblo. Dondequiera que ustedes estén, el sufrimiento los hermana; donde quiera que ustedes canten, canta el indomable espíritu y la dolorosa esperanza de ese pueblo. Ustedes son una ola en el mar infinito de la patria. ¿Por qué preocuparse tanto por el `cuándo van a volver', si ustedes no saben cuándo van a morir?



``Ustedes se afanan todos los días en sus menesteres, y hacen planes de futuro y no se preocupan por cuándo llegará el viento negro que borra los semblantes. Pues bien, trabajen con igual fervor por el retorno a la patria y no se preocupen por cuándo ha de llegar la hora del retorno. ¿O es que el amor tiene una cuota de tiempo y la esperanza un término fijo, y el deber un plazo limitado? Cumplid la cuota de deber de cada día y cada día mejoraréis la faz del futuro. Pero no le pidais al futuro que os señale una fecha.



'Vivan con la ilusión del regreso, pero no crean que van a regresar a la ilusión. Las arenas del tiempo caen inexorablemente, y nadie retorna a su pasado o a su juventud. `Generación va y generación viene, mas la tierra permanece siempre', dice la Biblia. Hubo una Cuba antes de vosotros y habrá una Cuba después de vosotros, pero la que ustedes conocieron y amaron no la han de encontrar jamás. Ella es parte de vuestra música y parte viva de vuestro dolor, pero el recuerdo amado es como la luz de un farol rodeado de sueños que se va extinguiendo en la mente.



'Aprendan la parábola de una madre prudente a quien su hijo le dijo: `Madre, enseña a mi esposa a hornear el pan, porque el que ella me hace nunca sabe como el que tú me hacías'. Y la madre prudente le respondió: `Ni yo ni nadie puede hornearte ese pan, hijo mío. Yo lo cocinaba para un muchacho de doce años que corría como el viento y tenía un voraz apetito. Mas tú eres ahora un hombre de cuarenta años volcado en el trabajo y los problemas. Yo puedo ofrecerte el mismo pan que siempre hago, pero no puedo devolverte la energía ni la voracidad de los doce años. Vuelve a tu esposa y aprende a disfrutar el pan de los cuarenta. El de los doce años nadie te lo puede devolver'.



``Cuidad de vuestros hijos, y no permitais que la ilusión del regreso se convierta en tema que os separe de ellos. Ellos marchan detrás de ustedes, pero su visión cabalga a la vanguardia de ustedes. Y el futuro de la caravana está en las manos de aquéllos que sepan mirar con ojos firmes el mañana. Muchos cubanos han ayudado y van a ayudar al regreso, aun cuando ellos mismos no lograron o no lograrán regresar. Y en ellos alentó y alienta el verdadero amor a la patria. Pues, ¿quién tiene más mérito, aquél que trabaja esperando una recompensa o aquél que se sacrifica sin esperar recompensa? ¿Quién tiene más valor, quien siembra para recoger su cosecha, o quien siembra esforzándose porque la cosecha sea fecunda y a todos aproveche?



``Trabajad cada día para que haya una amplia y generosa cosecha que abrigue a los cubanos de hoy y a los de mañana. Y si alguien os critica venenosamente, no permitais que el odio tienda sus negras alas en vuestras almas y cubra de resentimientos el futuro. No olvidéis que aun cuando parezcan triunfantes, los malvados saben cuán ásperas se tornan las horas del odio; y odiar al tirano no justifica derramar odio en todos los rincones. Vuestro pueblo marcha hoy malherido y necesita vasto apoyo y larga generosidad; ofrézcanle toda la cuota que puedan ofrecer. Y no olvidéis que no ha bastado aprender las palabras de vuestro apóstol para crear libertad; es necesario conocer su conducta, que debió haber sido modelo de ética en vuestra historia. De ahí que sea más sabio preocuparse más del cómo que del cuándo será el regreso''.



Y el profeta reclinó su mirada y volvió a trazar rasgos en la arena y a observar cómo las olas barrían lentamente las huellas de sus trazos.

Luis Aguilar Leon.